martes, 5 de octubre de 2021

Argentina sin Buenos Aires. La experiencia de un país sin porteños

La historia de la Confederación Argentina sin Buenos Aires ocurrió entre 1853 y 1860, pero su desencadenante puede ubicarse un par de años antes. El 1° de mayo de 1851, unas palabras desataron la pelea entre los dos líderes más importantes de la época: el pronunciamiento de Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, que desafió la autoridad del todopoderoso Juan Manuel de Rosas, hegemónico mandatario de Buenos Aires. Aquel suceso, del que se cumplen 170 años, terminó con el fin del rosismo en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852 y dio vuelta una página en la historia del país. El escenario post-rosista encontró nada menos que a un caudillo del interior como nuevo líder. Urquiza, dueño de una inmensa fortuna y formación política y militar al mismo nivel que los principales referentes de las elites porteñas, fue quien más cerca estuvo de desplegar un proyecto de país basado en los deseos de los caudillos federales que renegaban del centralismo porteño dominante. “Fue una experiencia muy importante desde el punto de vista de mantener el espíritu federal, el único intento de desarmar el centralismo porteño que se llevó a cabo y que demostró que era posible una vida organizada de las provincias unidas sin la capital de Buenos Aires”, recuerda Roberto Romani, historiador entrerriano y actual asesor cultural de su provincia. Urquiza intentó conformar un gobierno federal que ordene políticamente a todos los distritos y que los asista económicamente, arrogándose la facultad de administrar el próspero puerto de Buenos Aires, embudo que aglutinaba recursos más importantes para la época. Pero las élites porteñas, liberadas del yugo rosista, tenían otros planes. Coincidían en la necesidad de organizar la Nación, pero el eje, desde su perspectiva, no podía ser otro que Buenos Aires. El quiebre inevitable de esa tensión se produjo cuando representantes de todo el país -a excepción de la dirigencia porteña- avanzaron en la sanción de la primera Constitución Nacional, en el Congreso General Constituyente celebrado el 1 de mayo de 1853 en la ciudad de Santa Fe. Ahí establecieron la existencia de una república cuya conducción recaería en Urquiza. Tras el desplante porteño, Urquiza impulsó la creación y el nacimiento de instituciones republicanas con la provincia de Entre Ríos como centro. “Hubo que crear todas las instituciones y todas las obras que se hacían con el aporte de la provincia de Entre Ríos, mantener toda esa gente que venía del interior, los representantes de distintas provincias, sin un fondo como el que tenía Buenos Aires a través del puerto. Económicamente era un problema muy serio”, repasa Romani. Sin intención de formar parte de aquel proyecto, Buenos Aires sancionó su propia constitución en 1854, en la que se autodenominó un Estado soberano aunque sin cortar los lazos de modo definitivo con la Confederación. Como marca la historiadora Hilda Sábato, sus líderes negociaban mediante intermediarios, y también intentaban operar sobre el adversario, tomando medidas para presionarse y ahogarse económicamente, apoyando a los rivales del otro y finalmente se terminaron enfrentando militarmente. Valentín Alsina, Bartolomé Mitre, Dalmacio Velez Sarfield, aparecen entre las figuras destacadas del porteñismo en aquella época. El inverosímil cuadro de una Argentina sin Buenos Aires fue desgastándose con el paso del tiempo por las dificultades de gobernar provincias con instituciones extremadamente precarias y bajísimos recursos. La secesión porteña, en tanto, se mantuvo formalmente durante los siguientes seis años y sólo encontró una salida militar en 1859, con el triunfo del ejército liderado por Urquiza en la batalla de Cepeda y el ulterior pacto de San José de Flores. Sin embargo, la reincorporación de la provincia de Buenos Aires a la Confederación Argentina estuvo rodeada de condicionamientos impuestos por los líderes de la sociedad porteña. La tensión nuevamente se resolvió en un conflicto armado.

El epílogo de este inédito período del país llegó en la batalla de Pavón, el 17 de septiembre de 1861. Allí la emergente figura de Bartolomé Mitre terminaría imponiéndose sobre las intenciones de federalismo que ensayó durante toda la década el entrerriano Justo José de Urquiza, terminando con la impensada experiencia de una Argentina separada de su provincia más rica.

Fin de la Confederación Argentina

Luego de la separación de Buenos Aires, en 1852, la Confederación quedó integrada por las trece provincias que juraron la Constitución Nacional. Tenía su capital en Paraná, Entre Ríos, donde residían el Congreso Nacional y el Poder Ejecutivo. El primer presidente de la Confederación fue Urquiza, elegido para el período 1854-1860. 


En 1859, Urquiza atacó a Buenos Aires y venció a las tropas porteñas en la batalla de Cepeda. Luego de la derrota, Buenos Aires firmó el Pacto de San José de Flores, en el que acordó que se uniría al resto de las provincias luego de revisar el texto constitucional. Luego de esa revisión, los porteños realizaron dos exigencias: que la ciudad de Buenos Aires no fuera declarada capital del país y recibir una compensación económica por la nacionalización de su aduana. Estas propuestas fueron aceptadas por el nuevo presidente de la Confederación, el cordobés Santiago Derqui, que sucedió a Urquiza en marzo de 1860. El 21 de octubre Buenos Aires, ya con Bartolomé Mitre como gobernador, juró la Constitución nacional reformada y llamó a elecciones para elegir a los diputados nacionales por Buenos Aires. Pero durante 1861 el Congreso Nacional rechazó la incorporación de los diputados porteños, ya que habían sido elegidos siguiendo las reglas electorales de la provincia y no las establecidas por la Constitución Nacional. Este conflicto condujo a un nuevo enfrentamiento armado entre Buenos Aires y la Confederación. El choque entre los dos ejércitos se produjo en Pavón, al sur de Rosario. Cuando el resultado de la batalla todavía no estaba definido, Urquiza se retiró del campo de batalla, dejando la victoria en manos de los porteños. Sin aliados dispuestos a defenderlo, Derqui renunció y el gobierno nacional se disolvió. Mitre asumió provisoriamente la presidencia de la Nación, cargo para el que fue confirmado en las elecciones nacionales de 1862. Así, la Confederación dejó de existir y se produjo la reunificación nacional, pero bajo el liderazgo del proyecto liberal porteño. Se inició entonces una nueva etapa, la de la República Argentina.

Confederación Argentina y Buenos Aires

La relación entre Buenos Aires y la Confederación Argentina siempre fue problemática, y en base a esta se originaron diversos conflictos armados como la batalla de Cepeda de 1859 y la batalla de Pavón.

Sus problemas se debían principalmente a las diferencias entre unitarios, quienes defendían la idea de Buenos Aires como centro político del territorio, y federales, quienes pretendían que cada provincia tuviese una propia autonomía.

A pesar de las batallas, las dos partes se beneficiaban recíprocamente: Buenos Aires, siendo una provincia independiente, mantenía el comercio internacional por la existencia de su puerto, considerado uno de los más importantes; por otro lado, la Confederación Argentina era la principal productora ganadera que Buenos Aires exportaba a través del puerto.

Situación económica de la Confederación Argentina

Hasta 1852 el progreso económico fue desparejo y tuvo diferentes matices regionales:

Buenos Aires y las provincias del Litoral (Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes) se especializaron en la cría de ganado equino y vacuno y en la producción de tasajo, cueros, grasa y sebo.

Las provincias de Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) produjeron dulces, vinos, aceitunas y aguardientes.

Las provincias del Noroeste (Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja) se especializaron en la producción artesanal de textiles, como ponchos y mantas. También, en la cría de mulas y en la construcción de carretas.

La política proteccionista impulsada por la sanción de la Ley de Aduana de 1835 permitió proteger muchas producciones locales de la competencia de los productos industriales europeos, que debieron pagar impuestos del orden del 35 al 50%.

Luego del derrocamiento de Rosas, se registraron las primeras fundaciones de colonias agrícolas, tanto en la provincia de Santa Fe como en la de Entre Ríos.

¿Cómo se conformó la Confederación Argentina?

La Confederación Argentina comenzó a gestarse el 4 de enero de 1831, cuando las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes firmaron el Pacto Federal. Las provincias firmantes se unieron para afirmar la preferencia por la forma federal de gobierno y para luchar contra La Liga Unitaria o Liga del Interior, que lideraba el general cordobés José María Paz. Luego de la captura de Paz y el fin de la guerra entre unitarios y federales, otras 9 provincias firmaron el Pacto Federal y se adhirieron a la Confederación: Catamarca, Córdoba, La Rioja, Mendoza, San Juan, San Luis, Salta, Santiago del Estero y Tucumán. En 1834, Jujuy se separó de Salta, proclamó su autonomía y también adhirió al Pacto Federal. La Confederación así conformada estuvo vigente hasta septiembre de 1852, cuando Buenos Aires se separó y formó un Estado aparte.


Mapa de la Confederación Argentina en 1833. En marrón claro se muestran los territorios bajo dominio de los pueblos originarios.

¿Qué fue la Confederación Argentina?

La Confederación Argentina fue una unión de provincias argentinas basada en la adhesión al Pacto Federal. Esta alianza estuvo vigente desde 1831 hasta 1861.La Confederación fue una unión débil, en la que no había leyes ni autoridades nacionales, y en la que cada provincia mantenía su soberanía y se gobernaba a sí misma. Las relaciones exteriores de la Confederación estaban delegadas en el gobernador de Buenos Aires, que recibía a los cónsules y embajadores extranjeros. La etapa comprendida entre 1831 y 1852 se conoce con el nombre de Confederación rosista, ya que el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, era, en los hechos, el más poderoso de esta alianza. Luego de la batalla de Caseros y el derrocamiento de Rosas, Justo José de Urquiza invitó a todos los gobernadores a reunirse en San Nicolás de los Arroyos. Allí se nombró a Urquiza como director provisorio de la Confederación y se convocó al Congreso Constituyente de Santa Fe, que en 1853 sancionó la Constitución Nacional y creó autoridades nacionales. Lo acordado en San Nicolás fue rechazado por la provincia de Buenos Aires, que se separó y formó un Estado aparte. Buenos Aires se enfrentó al gobierno de la Confederación en la batalla de Pavón, en 1861. El triunfo de Buenos Aires significó el fin de la Confederación.

miércoles, 30 de junio de 2021

La Confederación Argentina

La Confederación Argentina fue una confederación de provincias que existió entre 1831 y 1861, durante la organización de la actual República Argentina gobernada por Juan Manuel de Rosas. Las provincias formaron una confederación de estados soberanos que delegaban la representación exterior y algunos otros poderes en el gobierno de una de ellas. Es uno de los nombres oficiales de la República Argentina conforme al artículo 35 de la Constitución de la Nación Argentina, junto con el de República Argentina y Provincias Unidas del Río de la Plata.


Bandera utilizada durante la época de la Confederación Argentina

La firma del Pacto Federal entre las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes el 4 de enero de 1831 —al que adhirieron en los dos años siguientes las otras nueve provincias entonces existentes— es considerado como el punto de arranque del período de transición, finalizado con el regreso de Juan Manuel de Rosas al gobierno de Buenos Aires en 1835. Después de la batalla de Caseros, Urquiza invitó a los gobernadores de las demás provincias a una reunión en San Nicolás. Allí los gobernadores firmaron el Acuerdo de San Nicolás, por el cual nombraron a Urquiza como director provisorio de la Confederación y convocaron a un Congreso General Constituyente en la ciudad de Santa Fe.

El derrocamiento de Rosas luego de la batalla de Caseros llevó a la secesión de la principal provincia de la Confederación, dando origen al Estado de Buenos Aires en 1852. Este último entró en guerra con el resto de la Confederación y se enfrentó con ella en la Batalla de Pavón en 1861. El triunfo de Buenos Aires significó el fin de la Confederación, la reunificación nacional —a costa de las autonomías federales provinciales— hegemonizada por la élite liberal instalada en la ciudad de Buenos Aires y la aplicación de la Constitución de 1853 en todo el territorio.

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