Hasta 1852 el progreso económico fue desparejo y tuvo diferentes matices regionales:
Buenos Aires y las provincias del Litoral (Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes) se especializaron en la cría de ganado equino y vacuno y en la producción de tasajo, cueros, grasa y sebo.
Las provincias de Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) produjeron dulces, vinos, aceitunas y aguardientes.
Las provincias del Noroeste (Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja) se especializaron en la producción artesanal de textiles, como ponchos y mantas. También, en la cría de mulas y en la construcción de carretas.
La política proteccionista impulsada por la sanción de la Ley de Aduana de 1835 permitió proteger muchas producciones locales de la competencia de los productos industriales europeos, que debieron pagar impuestos del orden del 35 al 50%.
Luego del derrocamiento de Rosas, se registraron las primeras fundaciones de colonias agrícolas, tanto en la provincia de Santa Fe como en la de Entre Ríos.
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